En Puebla hay unas 90 agrupaciones de comerciantes informales que operan en 27 puntos clave, como el Centro Histórico, el CIS y zonas hospitalarias. Aunque en 2026 se dieron menos permisos que en 2025 (22 mil contra 25 mil), los ingresos por estos permisos subieron de 7.4 a 9.1 millones de pesos, según la Dirección de Vía Pública.
La mayoría vende comida: tacos, tamales, hamburguesas y más, representando el 78% del total, con alrededor de 1,679 puestos. Las agrupaciones más grandes y conflictivas son la UPVA 28 de Octubre, Doroteo Arango y Antorcha Campesina, que suelen ignorar los operativos y regresan rápido a sus lugares prohibidos.
César Bermúdez Oliver, titular de la dependencia, explicó que los inspectores están al pie del cañón, patrullando y atendiendo quejas para mantener el orden, especialmente en zonas universitarias y hospitalarias.
Este control es clave para que Puebla siga avanzando en movilidad y orden, justo cuando proyectos como el cablebús buscan modernizar el transporte público sin perder la esencia de la ciudad. Así, se equilibra la tradición con el progreso, cuidando a la familia y el comercio local.
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