En Caracas, Venezuela, el cielo se pintó de rojo intenso justo después de los terremotos y sus réplicas, y claro, la gente se alarmó. Pero tranqui, no es señal de otro temblor gigante.
Lo que pasó es un fenómeno óptico llamado “candilazo” o dispersión de Rayleigh. Básicamente, cuando el sol está bajo en el horizonte (al amanecer o atardecer), sus rayos atraviesan una capa más gruesa de atmósfera. Las partículas en el aire filtran los colores azules y violetas, dejando que veamos esos tonos rojos, naranjas y púrpuras que causaron tanto revuelo.
Este efecto es normal y no tiene nada que ver con alertas sísmicas. A diferencia de los destellos eléctricos que a veces se ven durante un sismo, el “candilazo” es solo un juego de luz y atmósfera. Así que, aunque el cielo rojo parezca sacado de una película apocalíptica, es solo la naturaleza haciendo su show.
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