Entre el 23 y el 25 de junio, Francia vivió una ola de calor brutal que dejó cerca de mil muertes más de lo normal, según Santé Publique France. La mayoría, un 85%, son personas mayores de 65 años, el grupo más vulnerable cuando el termómetro se dispara.

Las muertes se dieron principalmente en casas y residencias, donde el calor extremo provocó deshidratación, golpes de calor y problemas cardíacos. Los hospitales están saturados y las alertas siguen activas en varias regiones.

Este episodio recuerda la canícula de 2003, que dejó 15 mil muertos, y aunque Francia mejoró sus protocolos, el calor intenso sigue siendo un reto gigante.

No solo Francia sufre: España, Italia y Alemania también enfrentan récords de temperatura, incendios y daños en infraestructura. Organismos internacionales advierten que estos eventos extremos serán más comunes por el cambio climático.

Esto es lo que necesitas saber: la crisis no es solo por el calor, sino por cómo las ciudades y gobiernos protegen a los más vulnerables ante estos fenómenos que ya no son “excepcionales”, sino parte de la nueva realidad.

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